sábado, 17 de noviembre de 2018

Santoral cisterciense: 19 de noviembre


Santa Matilde, virgen
Matilde Hackeborn.JPG


fecha: 19 de noviembre
n.: c. 1241 - †: 1298 - país: Alemania
canonización: culto local
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En el monasterio de Helfta, en Sajonia, santa Matilde, virgen, que fue mujer de exquisita doctrina y humildad, ilustrada con el don celeste de la contemplación mística.
Hacia 1248, cuando Matilde tenía siete años, sus padres la confiaron a las religiosas de Rossdorf, quienes poco después eligieron abadesa a su hermana, Gertrudis von Hackeborn, a quien no debe confundirse con santa Gertrudis la Magna. Matilde tomó el hábito en Rossdorf, fue cantora del convento y ejerció el cargo de maestra de las niñas que se educaban allí. En 1258, las religiosas de Rossdorf se trasladaron a un monasterio de Helfta, en Sajonia, de donde era originaria la noble familia de Matilde. Tres años más tarde fue enviada allí por su familia la que fue después santa Gertrudis -que entonces sólo tenía cinco años-, y la superiora la confió al cuidado de santa Matilde. Pronto, las dos santas empezaron a unirse con los lazos del afecto.
Santa Matilde, que era quince años mayor que santa Gertrudis y cantaba como «un jilguero de Cristo», era también un alma mística. A los cincuenta años, se enteró de que su discípula había ido anotando cuidadosamente todas sus enseñanzas y cuanto oía contar sobre sus experiencias. Matilde se alarmó al saberlo; pero el Señor le comunicó que Él mismo había inspirado a Gertrudis el deseo de poner por escrito esos datos. Con ello, se serenó santa Matilde y aun corrigió personalmente el manuscrito. Se trata de la obra titulada «Libro de la Gracia Especial», o «Revelaciones de Santa Matilde». Siete años más tarde, el 19 de noviembre de 1298, Cristo llamó a Sí a santa Matilde; «ella le ofreció su corazón y lo introdujo en el Suyo. Nuestro Señor tocó el corazón de Matilde con el suyo y le dio la gloria eterna, donde esperamos que con su intercesión nos alcanzará muchas gracias». Santa Matilde no ha sido nunca canonizada formalmente, pero se ha concedido su fiesta a muchos conventos de religiosas benedictinas. Algunos autores la identifican con la «Donna Matelda» del Purgatorio de Dante (cantos 27 y 28).
En la actualidad, el pueblo cristiano conoce sobre todo a estas santa Matilde y a santa Gertrudis por una serie de oraciones que se les atribuyen. Fueron publicadas por primera vez en Colonia, a fines del siglo XVII. Sin meternos a juzgar el mérito de esas oraciones, lo cierto es que no fueron compuestas por Gertrudis y Matilde. Dom Castel fue el primero que publicó en francés una serie de plegarias entresacadas de las obras genuinas de ambas santas.
Las únicas fuentes sobre la vida de santa Matilde son sus propios escritos. La primera edición completa y aceptable fue hecha por los benedictinos de Solesmes, con el título de Revelationes Gertrudianae et Mechtildianae (1875), pero sin distinguir claramente las diversas obras. Hay también algunos datos en el Liber specialis gratiae, que se refiere sobre todo a santa Matilde y se hallan en el Iibro segundo de las Revelationes de santa Gertrudis.
El presente artículo recoge lo que en el artículo y la bibliografía del Butler-Guinea del 16 de noviembre se refiere a santa Matilde, ya que por la especial unión que vivieron ella y santa Gertrudis, el hagiógrafo las trató conjuntamente. El «Libro de la Gracia Especial» fue editado recientemente (2007) en castellano por Ediciones Monte Carmelo. SS. Benedicto XVI dedica su catequesis del 29 de septiembre de 2010 a la figura de santa Matilde.

Santoral cisterciense: 16 de noviembre


Santa Gertrudis la Magna, virgen.
Resultado de imagen de Gertrudis de Helfta
fecha: 16 de noviembre
n.: 1256 - †: 1302 - país: Alemania
otras formas del nombre: Gertrude de Helfta
canonización: 
C: Clemente XII 1677 (canonización no formal)
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: Santa Gertrudis, llamada «Magna», virgen, que entregada desde su infancia, con mucho fervor y decisión, a la soledad y al estudio de las letras, y convertida totalmente a Dios, ingresó en el monasterio cisterciense de Helfta, cerca de Eisleben, en Sajonia, donde progresó de modo admirable por el camino de perfección, consagrándose a la oración y contemplación de Cristo crucificado. Falleció el día diecisiete.
Patronazgos: patrona de Perú, de las Antillas, y de las monjas.
En 1258, las religiosas de Rossdorf, entre las que se encontraba santa Matilde, se trasladaron a un monasterio de Helfta, en Sajonia, de donde era originaria la noble familia de los Hackeborn; allí fue abadesa Gertrudis von Hackeborn, hermana de santa Matilde, y que no debe ser confundida con nuestra santa de hoy, que no fue abadesa. Tres años más tarde de la fundación, santa Gertrudis, que entonces tenía cinco, fue enviada a educarse con las religiosas. Nada sabemos acerca de sus padres ni del sitio en que nació. La superiora la confió al cuidado de santa Matilde y, pronto, las dos santas empezaron a unirse con los lazos del afecto. Gertrudis, que era muy atractiva e inteligente, llegó a ser una buena latinista. Con el tiempo, tomó el hábito en ese convento, del que probablemente no había salido desde la niñez.
A eso de los veintiséis años, santa Gertrudís tuvo la primera de las revelaciones que la hicieron famosa: cuando iba a acostarse, le pareció ver al Señor en forma de joven. «Aunque sabía yo que me hallaba en el dormitorio, me parecía que me encontraba en el rincón del coro donde solía hacer mis tibias oraciones y oí estas palabras: 'Yo te salvaré y te libraré. No Temas'. Cuando el Señor dijo esto, extendió su mano fina y delicada hasta tocar la mía, como para confirmar su promesa y prosiguió: 'Has mordido el polvo con mis enemigos y has tratado de extraer miel de las espinas. Vuélvete ahora a Mí, y mis delicias divinas serán para ti como vino'.» Entonces se interpuso un seto de espinos entre los dos. Pero Gertrudis se sintió como arrebatada por los aires y se encontró al lado del Señor: «Entonces vi en la mano que poco antes se me había dado como prenda, las joyas radiantes que anularon la pena de muerte que se cernía sobre nosotros.» Tal fue la experiencia de Gertrudis; tal fue lo que podría llamarse su «conversión», a pesar de que se trataba del alma más pura e inocente. A partir de entonces, se entregó con plena conciencia y toda deliberación a la conquista de la perfección y de la unión con Dios.
Hasta entonces, los estudios profanos habían sido sus delicias; en adelante, se dedicó a estudiar la Biblia y los escritos de los Padres, sobre todo de san Agustín y de san Bernardo, quien había muerto no hacía mucho tiempo. En otras palabras, «del estudio de la gramática pasó al de la teología»; y sus escritos muestran claramente la influencia de la liturgia y de sus lecturas privadas. Exteriormente, la vida de santa Gertrudis fue como la de tantas otras contemplativas, es decir, poco pintoresca. Sabemos que solía copiar pasajes de la Sagrada Escritura y componer pequeños comentarios para sus hermanas en religión, y que se distinguía por su caridad para con los difuntos y por su libertad de espíritu. El mejor ejemplo de esto último es su reacción ante las muertes súbitas e inesperadas. «Deseo con toda el alma tener el consuelo de recibir los últimos sacramentos, que dan la salud; sin embargo, la mejor preparación para la muerte es tener presente que Dios escoge la hora. Estoy absolutamente cierta de que, ya sea que tenga una muerte súbita o prevista, no me faltará la misericordia del Señor, sin la cual no podría salvarme en ninguno de los dos casos».
Después de la primera revelación, Gertrudis siguió viendo al Señor «veladamente», a la hora de la comunión, hasta la víspera de la Anunciación. Ese día, el Señor la visitó en la capilla durante los oficios de la mañana y, «desde entonces, me concedió un conocimiento más claro de Él, de suerte que empecé a corregirme de mis faltas mucho más por la dulzura de Su amor que por temor de su justa cólera». Los cinco libros del «Heraldo de la amorosa bondad de Dios» (comúnmente llamados «Revelaciones de Santa Gertrudis»), de los que la santa sólo escribió el segundo, contienen una serie de visiones, comunicaciones y experiencias místicas, que han sido ratificadas por muchos místicos y teólogos distinguidos. La santa habla de un rayo de luz, como una flecha, que procedía de la herida del costado de un crucifijo. Cuenta también que su alma, derretida como la cera, se aplicó al pecho del Señor como para recibir la impresión de un sello y alude a un matrimonio espiritual en el que su alma fue como absorbida por el corazón de Jesús. Pero «la adversidad es el anillo espiritual que sella los esponsales con Dios». Santa Gertrudis se adelantó a su tiempo en ciertos puntos, como la comunión frecuente, la devoción a san José y la devoción al Sagrado Corazón. Con frecuencia hablaba del Sagrado Corazón con santa Matilde y se cuenta que en dos visiones diferentes reclinó la cabeza sobre el pecho del Señor y oyó los latidos de su corazón.
En la actualidad, el pueblo cristiano conoce sobre todo a estas santa Matilde y a santa Gertrudis por una serie de oraciones que se les atribuyen. Fueron publicadas por primera vez en Colonia, a fines del siglo XVII. Sin meternos a juzgar el mérito de esas oraciones, lo cierto es que no fueron compuestas por Gertrudis y Matilde. Dom Castel fue el primero que publicó en francés una serie de plegarias entresacadas de las obras genuinas de ambas santas; el canónigo Juan Gray las tradujo al inglés en 1927. Alban Butler, refiriéndose al libro de santa Gertrudis, dice que es «probablemente, después de las obras de santa Teresa, el escrito más útil que una mujer ha dado a la Iglesia para alimentar la piedad en el estado contemplativo». Santa Gertrudis murió el 17 de noviembre de 1301 o 1302, alrededor de los cuarenta y cinco años, al cabo de diez años de penosas enfermedades. Aunque no fue canonizada formalmente, Inocencio XI introdujo su nombre en el Martirologio Romano en 1677. Clemente XII ordenó que se celebrase su fiesta en toda la Iglesia de Occidente, lo que equivale en los hechos a una canonización. Tanto los benedictinos como los cistercienses aseguran que el monasterio de Helfta pertenecía a sus respectivas órdenes y veneran especialmente a santa Gertrudis.
Las únicas fuentes sobre la vida de santa Gertrudis son sus propios escritos. La primera edición completa y aceptable fue hecha por los benedictinos de Solesmes, con el título de Revelationes Gertrudianae et Mechtildianae (1875), pero sin distinguir claramente las diversas obras. El Legatus divinae pietatis, se divide en cinco libros: el libro segundo fue ciertamente escrito por santa Gertrudis; los libros tercero, cuarto y quinto fueron compuestos bajo su dirección; el libro primero fue escrito por los amigos íntimos de la santa, después de su muerte. Esa obra es la principal fuente sobre la vida de Gertrudis, de la que sabemos muy poco; pero hay también algunos datos en el Liber specialis gratiae, que se refiere sobre todo a santa Matilde y se halla en el Iibro segundo de las Revelationes. La biografía inglesa de Dom G. Dolan, St Gertrude the Great (1912) es excelente, así como la obra francesa de G. Ledos (1901). E. Michel estudió con acierto la influencia de santa Gertrudis en el sentimiento religioso de su época, en Geschichte des deutschen Volkes vom dreizehnten Jahrhundert, vol. III, pp. 174-211. Se han escrito muchos libros y artículos sobre la devoción que santa Gertrudis profesaba al Sagrado Corazón, adelantándose a su tiempo. Véase, por ejemplo, A. Hamon, Histoire de la devotion au Sacre Coeur, vol. II; U. Berliére, La dévotion au Sacre Coeur dans l'Ordre de St Benoit (1920).
El presente artículo recoge lo que en el artículo y la bibliografía del Butler-Guinea del 16 de noviembre se refiere a santa Gertrudis, ya que por la especial unión que vivieron ella y santa Matilde, y lo poco que conocemos de esta última, el hagiógrafo las trató conjuntamente. En el artículo sobre santa Matilde pondremos el resto del escrito. SS. Benedicto XVI dedica su catequesis del 6 de octubre de 2010 a la figura de Gertrudis la Magna.
fuente: El Testigo Fiel: http://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_4188

sábado, 10 de noviembre de 2018

Vigilia de oración por las vocaciones: 9 de noviembre de 2018

Una noche más, nos hemos acercado al monasterio, para acompañar a la comunidad en algo tan hermoso como es, rogar al Padre que mande obreros a su mies.










                                          


sábado, 3 de noviembre de 2018

Profesión solemne de la hna. Pilar: 1 de noviembre de 2018

Este 1 de noviembre, además de celebrar la solemnidad de "Todos los santos", hemos vivido un día de emociones y de alegría en la comunidad de La Palma. Nuestra hermana Pilar ha hecho su profesión solemne, y la hemos querido acompañar, junto con las demás hermanas, su "numerosa" familia y el resto de amigos que se han acercado al monasterio para compartir con ella este importantísimo y esperado momento. 

¡Enhorabuena Pilar! 


domingo, 28 de octubre de 2018

Cuarto aniversario de la fraternidad.

Esta semana hemos celebrado el cuarto aniversario de nuestra fraternidad. Hemos estado recordando cómo llegamos todos hasta aquí, hasta este monasterio, hasta esta comunidad que nos abrió las puertas de su casa, y de sus corazones. Hemos llorado de alegría, porque verdaderamente "¡el Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres!". Un salmo muy apropiado para este día, ¿verdad hermanos?, ¿verdad Estrella?.
Ha sido un día entrañable para todos, y especialmente entrañable ha sido el encuentro que hemos tenido, por la tarde, con las hermanas de la comunidad. El bizcocho de Paco, buenísimo; el licor de café de las hermanas, espectacular; y la compañía... La compañía me deja sin palabras, y puede que sea lo mejor, porque con cualquier palabra que me aventurara a describirla, me quedaría corta. Hemos dado gracias a Dios todos juntos con este canto que os dejo aquí, y que nos han dedicado las hermanas, y ahora soy yo la que os doy las gracias a todos por formar parte de mi vida y de mi ser.